miércoles, 21 de enero de 2015

Capítulo 6

        Raúl estaba ya impaciente. Hacía más de un mes que no tenía noticias de su hija, ni de la carta. Estaba preocupado por Susana; le podía haber pasado cualquier cosa. Si los días ya se le hacían eternos e iguales, sin saber nada eran aún peor. Los oficiales pasaban siempre por la puerta de su celda, era rutina, pero nunca se paraban ante su celda para darle alguna noticia o aviso. Hasta esa tarde. 
-Soriano, tienes visita. -El oficial habría la puerta de la celda pausadamente. Fueron los cinco segundos más largos para Raúl. 
-¿Quien es? 
-El Sr. Santos, su abogado.

      El Sr. Santos esperaba con su impecable traje negro, a juego con sus zapatos italianos, su camiseta azul y su corbata bien atada con un nudo Windsor. Estaba claro que tenía a una mujer con clase en su vida, o quizás había aprendido de las revistas de moda o de Men's Health. Su gesto era serio, parecía que no traía noticias muy buenas, aunque, a la vez, parecía calmado. 
-Buenas tardes, Sr. Santos. -Dijo Raúl con un tono que no invitaba a la charla tranquila y amistosa que el Sr. Santos esperaba tener.
-Buenas tardes, puedes llamarme Aitor, Raúl. -Pensaba que con un saludo así podía calmar las cosas.
-¿Ahora pretendes ser amable y simpático conmigo? ¿Para qué has venido?
-Hay una carta que proclama a voces tu inocencia. Podría ser un aliciente para poder reabrir tu caso y conseguir sacarte de aquí. Pero claro, necesitamos más pruebas, eso no sería suficiente. ¿Crees que...?
-¿Sacarme? -Explotó Raúl sin poder controlar su enfado tras oír las palabras de quien había sido su amigo, antes que su abogado- ¿Ahora quieres sacarme? Después de todo lo que luchaste para que yo estuviera aquí, ¿ahora me quieres liberar? Te has gastado tus honorarios y quieres más, ¿es eso? Nunca tienes suficiente, nunca lo tuviste.
-No, Raúl, te equivocas. Luché por encerrarte aquí porque pensé que era lo correcto. La gente pedía justicia. Y está claro que me equivoqué.
-¿La gente? No querrás decir mi suegro. Sabes perfectamente que yo no lo hice.
-En ese momento no estaba seguro, de verdad. Me costaba trabajo imaginar que hubieses hecho algo así, pero las pruebas...
-¿Pruebas? Las que te proporcionó mi suegro, ¿verdad?
-¡Ya, lo sé! Pero mi situación como abogado no era buena. No tenía casos, mi bufete no estaba pasando por un gran momento y tu suegro me ofreció una gran cantidad de dinero que podía salvar mi futuro. Raúl, créeme, lo siento. Voy a luchar igual o más para sacarte de aquí. Solo te pido que confíes en mi, aunque sé que te estoy pidiendo mucho. Tengo que buscar más pruebas, algo que acompañe a la carta, sino, el juez no dará permiso para poder abrir tu caso de nuevo. ¿Sabes algo que podamos utilizar?
-Porqué no pruebas a analizar e investigar la autopsia de mi suegra. -pretendió sonar sarcástico, pero no lo consiguió. -Dijeron que la piel que encontraron entre sus uñas tenía mi ADN. A lo mejor el médico que se encargó de extraer pruebas también estaba comprado, o se las ingeniaron para que asi fuese. ¿Te paraste, siquiera, a pensar en ese detallito? -Aitor Santos captó de inmediato el tono irónico y, a la vez, jocoso de Raúl.
-Empezaré por ese "detallito" como tú dices. Aunque, esto queda entre nosotros, esa investigación es un poco ilegal. Buscaré la manera de "hacerla legal" y poder utilizarla como prueba. Tendrás noticias cuando sepa algo, mientras tanto, solo te queda esperar.
-Llevo esperando seis años.

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