jueves, 18 de diciembre de 2014

Capítulo 5

       El Sr. Castel fue trasladado de inmediato al hospital. Susana acompañó a su abuelo, no lo dejó solo. Le había hecho mucho daño, pero era su abuelo. Estuvo más de veinticuatro horas en observación y, tras varias pruebas, fue trasladado a una habitación. Durante el tiempo que estuvo el Sr. Castel ingresado, Esteban estuvo todo el rato en el hospital, no quería separarse de su padre. Susana lo visitaba a la salida del instituto un rato y luego volvía a la hora de la cena acompañada de su tía Ainhoa. 


        Una noche de visita, como otra cualquiera, Susana había ido a ver a su abuelo. Ya llevaba ingresado una semana y su mejoría era palpable. No había sufrido otro infarto durante su estancia en el hospital, por lo que el doctor le había dicho antes de la cena, en las visitas rutinarias, que ya podía irse a casa.
-Susana, me ha dicho el médico que mañana puedo irme a casa. 
-¿Si? Pues qué bien, ¿no? -Susana, en el fondo, se alegraba. Aunque hizo todo lo que hizo, era su abuelo. 
-¿Puedo pedirte un favor? Quiero que vayas a casa. Lleva una semana cerrada y me gustaría que estuviera a punto para cuando yo llegue mañana. Y prepara la antigua habitación de tu madre, quiero que te quedes unos días conmigo. 
-Te dejaré la casa lista, abuelo. Pero me pensaré lo de quedarme. -Susana hizo una leve mueca que no fue percibida por nadie. No le hacía gracia irse con su abuelo. Y a su tía, que la miró con el ceño fruncido, tampoco. 
-Está bien. Lo comprendo. -El Sr. Castel esperaba, realmente, esa respuesta. 

        Mientras el Sr. Castel se preparaba para abandonar el hospital con Esteban, Susana estaba en casa de su abuelo, organizando un poco aquello. Había recogido y limpiado un poco el salón, ya que solo tenía polvo de haber estado cerrado unos días. Y se dirigió a la planta de arriba. La petición de su abuelo seguía rondando sus pensamientos. ¿Y si se quedaba y le pasaba como a su madre? ¿Y si el infarto le había hecho cambiar? No, no podía hacerle eso a su padre. Ya que sabía la verdad no podía darle la espalda. Hizo la cama de su tío Esteban, recogió unas prendas del suelo y barrió la habitación. Cuando se dirigía a limpiar el baño una bombilla se encendió en su cabeza.

        -¡La carta!. -Claro, la carta estaba en esa casa, en alguna parte. Entró a la habitación de su abuelo y vio encima de la cama un papel doblado. 'Demasiado fácil', pensó. Pero no. Era la carta, la cual había sido olvidada días atrás encima de esa cama. Susana la guardó bien y volvió a sus quehaceres. A las tres de la tarde entraba el Sr. Castel por la puerta de su casa. Olía a limón, o quizás a lima. Olía a limpio y fresco. Subió las escaleras, con paso lento y se dirigió a su habitación. Susana lo había acompañado hasta allí. Lo ayudó a recostarse en la cama y le colocó un cojín en la espalda para que estuviese más cómodo. Su tía Ainhoa se había quedado en el salón. Esteban había seguido a su sobrina y se había tumbado en el otro lado de la cama, junto a su padre.

-Abuelo, voy a traerte algo caliente y me voy a casa, ¿vale? -Sonrió.
-Entonces, ¿no te quedas? -Los ojos del Sr. Castel empezaron a brillar por las lágrimas acumuladas en ellos.
-No, abuelo. No me quedo.- Y abandonó la habitación para que no le diese tiempo a replicar.
Bajó a la cocina y preparó chocolate caliente para todos. Le llevó una taza a su tía y le informó que se irían después del chocolate. Llevó otro para Esteban, quien se había quedado dormido al lado del Sr. Castel. Le dio a su abuelo una taza, ella se quedó otra y la de Esteban la apoyó en la mesita.
-Está bueno. Gracias. Entonces...
-No, abuelo, no.- Cortó rápidamente la conversación. -Dejemos las cosas así, por favor.
-¿Vendrás a verme?
-Claro que sí. Volveré pronto. Ahora me voy a casa. -Susana se acercó a su abuelo, le dio un beso y le dijo al oído: -La tengo.

        Susana abandonó la habitación. El Sr. Castel se había quedado inmóvil, incrédulo y, sí, enfurecido. Su nieta se había aprovechado para apoderarse de la carta. Se la había jugado. ¿Cómo podía haberle hecho eso en el estado en el que se encontraba? Se dio cuenta de que estaba dispuesta a todo por sacar la verdad a la luz. Susana quería a su padre fuera de la cárcel.


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